SUSPIROS DE VIDA

— ¡Duerma! ¡Que yo manejo! Dijo ella aspirando el pegante de la botella— ¡Duerma! ¡Que yo lo cuido, mi perro!

Él dejó escapar un eructo y se cubrió con una sucia cobija.

 —Sabe, parce, yo a usted lo quiero. Empezó a bailar una extraña danza creada por ella. Su boca dibujó una sonrisa dejando ver los dos dientes faltantes de su destrozada dentadura. Se sentía alegre, eufórica, por el bóxer, por el sol que calentaba sus congelados huesos, porque estaba con su parce, su amigo, su ñero, su compañero de andén. Con el que compartía esa sucia cobija que los (Leer más)

UN DOMINGO DE FINAL

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Ilustración Hieloh


Faltaban cinco minutos para que el partido terminara. El juego estaba empatado. Era la final del campeonato. El ánimo se encontraba excitado, el público estaba eufórico, gritaban a los jugadores tratando de dirigir las jugadas. Todos en las gradas querían marcar ese gol que les diera la victoria. El árbitro se decía, que no cometan ningún error, por favor Dios, no quería que alguien le acordara a su madre.

El capitán del equipo de camiseta blanca cojeaba, aun así quería terminar el partido y más si metía el gol final para convertirse en el héroe del parche.

El

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Sin titulo

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Ilustración Hieloh

Lavó su pene con precisión milimétrica, pudo sentir que se endurecía un poco al pensar en el culito que rompería ese día. Estregó dos y tres veces la piel como su madre le había enseñado. Se vistió con lentitud, en orden, evitando que la ropa inmaculada se arrugara. Mientras hacía el nudo de la corbata recordó los ojos de aquella niña que había estrangulado. Revisó el filo de su cuchillo, estaba perfecto, con él cortaría la piel o hasta rompería algún hueso de su presa. La práctica hace al maestro, y él lo sabía, cortaría tantas veces y

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EL MENSAJE EN LA BOTELLA

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Ilustracion Hieloh

El mar se llenó de amor, de esperanza, de ilusión, en el momento que aquel sujeto bañado por el sol caribeño arrojó cien botellas al océano con un solo mensaje: “hombre busca mujer dispuesta a entregar su corazón a un soñador, un aprendiz de escritor”. Contenía su nombre, teléfono, dirección y país de origen.

Los pies del personaje se hundían en la arena. Su mirada contemplaba el horizonte. El corazón le latía lento, tranquilo, con fe. Fe en la locura que se le había ocurrido en medio de los efectos del ron y el bollo´e yuca. Era una

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ADIÓS, MUÑECA

—Raymond Chandler— 

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Ilustración Hieloh

La boca me apesta a brandy, escupo una brizna de tabaco enredada en mis labios. Fumo mi pipa y embuto de balas a mi vieja compañera.

Sé que me están esperando, no sé a qué hora me metí en este lio. Jamás debí abrirle la puerta de mi auto a aquella mujer de cabello castaño. Su rostro era hermoso, perfecto, pero estaba mal dibujado por un espantoso maquillaje. Las curvas de su cuerpo tenían la proporción exacta en cada parte, delineadas por un vestido de satín que se amoldaba a su figura y que apenas cubría

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Sin titulo

El vampiro se quejó, las muñecas le ardían. Los grilletes habían quemado su piel, estos habían sido bañados con agua bendita. Estaba atado en aquel sótano que olía a flores y a melancolía. Se sentía débil, necesitaba sangre, pero la persona que lo tenía prisionero no se lo permitiría. Le había dado de comer dos ratas para mantenerlo con vida.  No entendía por qué su captor se empecinaba en causarle tanto dolor, por primera vez él había deseado la muerte. Su cuerpo se estremeció al escuchar que la puerta se abría. Lo vio entrar, iba vestido de blanco y sus

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EL ÚLTIMO HUMANO

…a Madeline.

 

Escupo, esta cosa sabe mal, era la única bebida que teníamos desde que extinguimos a los humanos. Era un modo de decirlo, ellos son escasos en el mundo actual. Se encontraban escondidos de nosotros, los no muertos, los vampiros.

 Eran pocos, nosotros muchos. Desde que salimos entre las sombras nuestras masacres se hicieron vastas, diezmábamos una ciudad en poco tiempo. Debió existir un control, fue desmedida la forma en que los aniquilamos, con rapidez se convirtieron en caminantes de la noche. Ahora podemos caminar en el día, hemos creado una bebida que calma nuestra sed. Vivimos matándonos  los

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Sin titulo

Cortó trozo a trozo, la piel caía a pedazos sobre el escritorio manchado. De ese modo el escritor empezó su obra magna. Cada corte, cada grito, cada lágrima, cada gota, palabra a palabra fueron quedando plasmadas en el papel. Al ponerle fin a su texto, el escritor cayó muerto sobre la máquina. 

LA CARTA

La boca me sabe a cenicero. Me duele la cabeza como si una pandilla de enanos hubieran bailado en ella. Me fijo en la mancha amarilla de mi ropa interior, eso significa que me acosté con alguna golfa, espero que el sexo haya sido bueno, porque no lo recuerdo. Mientras los pensamientos se ponen en orden, me doy cuenta que solo visto unos boxer. Me siento horrible, no sé cómo llegue al apartamento. Hay unos calzones sobre la mesa, junto al cenicero que esta atiborrado de colillas, también hay una botella de aguardiente a la mitad. Tomo la prenda interior

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LEOPOLDO

Gotas de sangre golpearon mi rostro cuando le destrocé la cabeza con el bate. Eran ellos o yo. Disparé las dos últimas balas contra otra criatura que parecía una mujer que se acercaba con lentitud. Dejé escapar una bocanada de aire, estaba cansado, agotado, muy pronto no tendría fuerzas para continuar está loca carrera que empezó cuando tuve que eliminar a mi familia. Uno a uno los saqué de su pesadilla con mi cuchillo. Ellos creyeron que estaba loco, que el fin del mundo jamás ocurriría, que era otro de mis inventos. Que mi cabeza al fin se había roto

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