EL ARTE DEL BUEN ESCRITOR

Los disparos cruzaron sobre su cabeza, lo único que pudo hacer fue lanzarse sobre ella para protegerla…

Tenía la vista fija en el computador, observando aquella frase que tenía un mes allí. Sus dedos junto al teclado se negaban a escribir la siguiente palabra. Se levantó de la silla, no sin antes recordarle la madre al aparato. Lo apagó con furia y se fue a la biblioteca a leer un poco.

Y cuando sus amigos de lectura le preguntarán como iba su nueva novela, diría:

—De maravilla, se escribe sola.

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