EL FINAL

Se dejó caer contra el suelo. El sudor se mezclaba con la sangre que impregnaba su piel. Se sentía cansado. Vagar, encontrar, luchar, defender, matar, llorar, escapar. Siempre la misma historia, una y otra vez. No tenía fuerzas para resistir, se quería dar por vencido. Miró a sus compañeros, todos tenían la vista fija en él, esperando a que hablará, que de nuevo encontrará una salida al asedio de los caminantes. Deseaba mandarlos a la mierda, por qué siempre él. Conocía la respuesta, era el líder y como tal debía actuar. Habían pasado nueve años desde que todo empezó, era el momento de aceptar que el mundo jamás volvería a ser el de antes. Eran tantas las personas a las que habían muerto a su alrededor, tantas personas que había asesinado, sin contar la cantidad de caminantes que había eliminado desde que empezó su odisea cuando salió del coma. Había perdido tanto, que se preguntaba por qué seguía haciéndolo, tratando de mantenerse con vida, protegiendo a su familia que no pasaban de los seis integrantes. Respiró con rabia, la misma escena prolongada con el tiempo que ya había perdido la cuenta. Era en esos momentos en los que hubiera preferido jamás haber despertado. Ellos confiaban que de nuevo los salvaría y que les devolvería la esperanza. Vio alrededor y tomó una decisión. La primera en caer atravesada por unas de sus balas fue su pequeña hija. Antes de que su hermano pudiera reaccionar la cabeza le explotó después del disparo, los pedazos de su cerebro se estrellaron contra la pared. Escupió, faltaban cuatro. Uno de los hombres se levantó, echó hacia atrás la cabellera mientras intentaba colocar una flecha en la ballesta, él le disparó a la rodilla y mientras caía lo golpeó en el rostro, le atravesó la sien con la ballesta a su antiguo compañero de viaje. Ella desenfundó su katana que estaba mellada por las continuas peleas, fue contra ella y la derribó. Con las rodillas le inmovilizo los brazos, veía aquel hombre que había seguido hasta el mismo infierno. Le atravesó el corazón con la espada, para después clavarla en su frente. La otra mujer lloró por primera vez en mucho tiempo, no podía creer que terminaría sus días a manos de uno de sus camaradas, en especial de él. Lo amenazaba con la daga, había descubierto que su arma estaba descargada. Él le lanzó un puñado de tierra a la cara, mientras se limpiaba los ojos, pudo sentir como sus costillas se rompían por el golpe del madero que él había utilizado para tumbarla. Al caer de bruces pensó en galletas y flores, fue lo último que le pasó por la mente, la daga se alojaba en su lóbulo izquierdo. El cura temblaba, aun así intentaba mantener con firmeza el machete, rogaba a Dios por su vida. Había imaginado que él lo mataría y ahora ese sueño se hacía realidad. Con lentitud se acercó, le arrebato el machete, lo miró como queriendo decirle espero que te encuentres con tu Dios, El corte fue limpio de derecha a izquierda, el padre ni siquiera se quejó. Otra vez se dejó caer al suelo, su respiración volvía a la normalidad. No pensaba nada, se sentía bien. Arrancó la espada de la cabeza de la que una vez fue su amiga. Abrió la puerta, dio una última mirada a los cadáveres de su familia y empuñado la katana fue contra el centenar de caminantes que empezaba a rodearlo… 

|

Comentarios

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar