EL MENSAJE EN LA BOTELLA

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Ilustracion Hieloh

El mar se llenó de amor, de esperanza, de ilusión, en el momento que aquel sujeto bañado por el sol caribeño arrojó cien botellas al océano con un solo mensaje: “hombre busca mujer dispuesta a entregar su corazón a un soñador, un aprendiz de escritor”. Contenía su nombre, teléfono, dirección y país de origen.

Los pies del personaje se hundían en la arena. Su mirada contemplaba el horizonte. El corazón le latía lento, tranquilo, con fe. Fe en la locura que se le había ocurrido en medio de los efectos del ron y el bollo´e yuca. Era una estupidez llenar el Atlántico de ilusiones, aun así lo había hecho. Ahora observaba las olas que mecían las botellas llevándolas mar adentro. Esperó hasta que el sol se escondió en el ocaso, dejó que el viento golpeara su piel morena, no se movió aun cuando la marea le llegó a las rodillas. Muchas botellas perecieron rotas contra algún coral, algunas pescadas por los grandes buques, otras se hundieron en los abismos del mar, hasta una ballena vieja se tragó una de ellas. Les contaré la odisea de la última que nuestro personaje lanzó al mar, una botella verde, pequeña, tímida, llena del anhelo de un hombre que deseaba encontrar el amor de algún modo.

Al inicio de su gesta la botella vio los colores de los corales, las criaturas que en ellos habitaban. Danzó con un grupo de delfines que jugaron con ella, fue acariciada por las medusas, nadó junto a las ballenas jorobadas. En su vaivén entre las olas conoció al fiero tiburón, se deleitó con los saltos de los peces voladores, le sonrió a las gaviotas que practicaban clavados en el agua y tembló de miedo al verse rodeada por un cardumen de barracudas.

En una de sus andanzas fue atrapada en medio de una gran mancha negra que afeaba el mar, era espesa y olía mal. Observó cómo las aves y los peces morían en ella. Su movimiento era nulo, creyó que el fin de su viaje había llegado, no fue así. Las oscilaciones de una lancha lograron sacarla de la trampa oscura y de nuevo se vio abrigada por el arrullo de las olas.

Nuestra amiga se sumergió con el pingüino emperador y supo a dónde va éste cuando se lanza por primera vez al océano, bailó con las corrientes marinas y montó en  el lomo de una vieja tortuga.

Una noche sin luna fue recogida por un hombre que se acercaba silencioso a un barco negro, con parches rojos por el óxido y la sangre de la última ballena asesinada. Miró como ubicaban los explosivos en el acero del barco japonés, fue lanzada al mar por la explosión que partió el buque en pedazos.

Presenció el poder devastador del tsunami, corrió con los vientos recios del huracán, vio la tristeza de las personas ante la inclemencia de la naturaleza. Escapó de la red en donde había muerto el gran atún.

Llegó a puerto en medio de grandes embarcaciones. Cuando parecía que iba a llegar a su meta, una gran fuerza la arrastró hacia un petrolero. Acompañada por algas, camarones, peces, trozos de coral, emigró encerrada en aquel buque que iba por su remesa de oro negro. Fue tirada de nuevo al océano con furia visceral y descubrió que había vuelto al principio. Advirtió destruido el hermoso paisaje que la primera vez la había hechizado con su belleza.

De nuevo el movimiento infinito del mar, la lluvia y el viento la engulleron en una travesía sin fin. Navegó junto a los cruceros y conoció peces gigantes de metal. Aprendió de la marea, vomitó por los remolinos, se calentó bajo una erupción volcánica, hasta que las olas en las cuales viajaba la estrellaron contra la arena gris. Al fin había llegado a su destino, la odisea había durado once años…

Una rubia de ojos verdes, que brillaban con la fogosidad de los vikingos, con labios rojos y pequeños, caminaba por la playa. Dejando que el mar mojara sus pies desnudos, fue en la arena donde se encontró con nuestra amiga. La tomó con curiosidad y notó que en ella había un trozo de papel enrollado. Pensó en un náufrago atrapado en una isla, lo que aumentó su curiosidad por saber qué había escrito. Quitó el sombrero de la infatigable peregrina y tomó la hoja. La desenrolló con cuidado, tratando de descifrar que decía, mientras ésta se deshacía entre sus dedos.


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Comentarios

Excelente, pero ese man fue muy demalas, jejejejeje. Bacana la historia :D 

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